El Decreto de la escuela inclusiva es papel mojado

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El Decreto de la escuela inclusiva es papel mojado

Ahora que ha terminado el curso, y durante las últimas semanas hemos recibido por parte de padres y madres de niños y niñas con autismo, muchas preguntas por lo que a la continuación de los estudios de sus hijos e hijas en la escuela ordinaria el próximo curso.

La situación es siempre la misma: muchas veces la escuela alega a padres y madres que, por falta de recursos, el centro no se puede hacer cargo del niño o niña de la manera en que este niño o niña necesitaría y que, por este motivo, es recomendable que este niño o niña cambie de centro y empiece la enseñanza secundaria o el curso que le toca en un centro de educación especial.

Hemos hablado con Marta Cabello, madre de un niño que actualmente cursa 5º de primaria y que se llama Pol. A Marta, el EAP (Equipo de asesoramiento y orientación Psicopedagógico) le ha dicho que su hijo estaría mejor en un centro de educación especial cuando la intención de sus padres es que Pol pueda continuar sus estudios en la escuela ordinaria: “Me han dicho que nosotros, los padres, no somos conscientes de las necesidades de Pol y que lo queremos llevar a un sitio dónde no estará bien”, nos comenta. Marta nos explica que si a Pol se le adaptan los materiales y hay alguien con él dándole el apoyo que necesita, él puede trabajar con la ayuda de guiones e historias sociales: “Pol es un niño querido y respetado en su escuela, sus compañeros lo tratan como a uno más en el aula y saben cómo es, pero como en la mayoría de centros educativos ordinarios, hay una falta de formación y preparación de los docentes para la diversidad que hay hoy en todas las aulas”. El caso de Marta no es un caso aislado. Dentro de las familias de la Fundació Junts Autisme cada semana se habla de alguna dificultad por lo que al sistema educativo se refiere, y de las presiones que conducen hacia un recorrido fuera de la escuela ordinaria.

Por un lado nos encontramos con la desinformación de padres y madres sobre los derechos de sus hijos e hijas sobre la asistencia a la escuela ordinaria; por otro, encontramos la recomendación explícita de los profesionales de EAPs y centros para que estos niños dejen de estudiar en la escuela ordinaria, y por otro lado, encontramos el nivel de inclusión que actualmente se ofrece en las escuelas, que no es el mejor ni el ideal. ¿Cómo resolvemos, pues, esta ecuación?

Nuestra opinión

En Cataluña hay un decreto de educación inclusiva (El Decreto  150/2017 de l’atenció educativa a l’alumnat en el marc d’un sistema educatiu inclusiu)  que movió muchos titulares y supuso mucha esperanza en el 2017 pero que, a día de hoy, aún no se ha desplegado. Los casos que nos llegan no son solo de esta zona, sino que tenemos casos parecidos en la zona de Tarragona, en la zona de Tierras del Ebro, en la zona de Barcelona y también en el Maresme.

El decreto especifica que “los alumnos con necesidades educativas especiales se escolarizarán en centros ordinarios durante la etapa obligatoria y excepcionalmente las familias podrán solicitar la escolarización en un centro de educación especial para los alumnos con discapacidad grave o severa”. Esto dista bastante de las situaciones que nos están transmitiendo las familias, por lo tanto, viendo las circunstancias creemos que este Decreto Ley que había de apoyar el cambio hacia una escuela inclusiva e iniciar las modificaciones necesarias para que esta fuera una realidad, es papel mojado.

No sabemos si este hecho es por ignorancia de la administración sobre la situación en los diferentes territorios, si es desinformación sobre el autismo y su alcance, pero el derecho de estos niños y niñas y de los padres de estos niños y niñas es poder cursar los estudios en el tipo de centro dónde decida la familia. Y el centro debe estar preparado. Si el sistema, los centros educativos, el despliegue administrativo, las partidas presupuestarias o las prioridades del gobierno no están dirigidas hacia mejorar esta inclusión en las escuelas, que se tomen medidas y se trabaje para ello, que se hable con entidades especializadas, que se hable con centros de educación especial y se unan fuerzas. Creemos un proceso de transición, empecemos algo.

Este artículo no tiene intención de criticar a los centros de educación especial ni a lxs profesionales de la escuela ordinaria sensibilizadxs y conscientes, que hacen, también, un gran trabajo; sino criticar un reparto de recursos a nivel de educación que no defiende un modelo inclusivo y que acaba segregando a aquellas personas que tienen unas capacidades y unas características diferentes según los estándares genéricos.

De nuevo, caemos en una discriminación sin precedentes, en una etapa tan importante en la formación de los valores de una sociedad y queremos movilizarnos. La diversidad funcional no es una rémora sino una oportunidad de mostrar a los niños y niñas que no tienen la pluralidad de la sociedad, las capacidades de las personas a quién se dice “discapacitada”, y de garantizar a estas personas la posibilidad de acceder a unos estudios dentro de la comunidad, dentro de su entorno, con sus compañeros y compañeras de toda la vida.

Los niños y niñas con autismo tienen el derecho de cursar sus estudios dónde los padres y madres quieran, y esto pasa por reformar, formar a profesionales, informar a compañeros y compañeras y hacer las modificaciones pertinentes en las escuelas ordinarias y/o tomar las medidas necesarias para que los servicios y las adaptaciones que estos niñas y niñas necesitan, se hagan.

comunicacio
comunicacio@juntsautisme.org
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