Traductor vital

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Traductor vital

El següent text ha estat escrit per César Hernández García, de l’Associació Ampros (Cantabria). El reproduïm aquí perquè ens ha semblat preciós i perquè fa una reflexió sobre la manera en al que ens hem d’adreçar a les persones amb diversitat funcional psíquica que s’assembla molt a la que nosaltres tenim. En cap moment ens beneficiarem econòmicament de la publicació d’aquest text, però volem compartir-lo perquè creiem en el que planteja i, per tant, volem contribuïr a la seva difusió.

 

TRADUCTOR VITAL

Me gustaría reflejar en este artículo una imagen real, nítida y exacta de la vida de una persona con muchas y grandes necesidades de apoyo, con la que comparto algo de mi tiempo. Esos momentos y espacios comunes en los cuales intentamos desarrollarnos por ambas partes un pco más como seres humanos y como personas interdependientes.

Pero lo cierto es que, a priori, no voy a poder conseguir ese objetivo. En primer lugar porque yo soy yo y no soy otro, y lo que yo pueda desear para otra persona dista bastante de lo que realmente esa otra persona pueda querer, por mucho que me apoye en mis escasos conocimientos profesionales y científicos.

Así que, para solucionar esta tremenda cuestión, tendré (estoy pensando en voz alta) que empezar por cambiar la pregunta e iniciarla con una frase condicional:

“Si yo fuera realmente esa otra persona, con todas las peculiaridades que pueda presentar tanto a nivel físico, mental, social y familiar, ¿qué es lo que querría para mí?”

Creo que esta pregunta se acerca mucho más a la clave de la cuestión: intentar ver la vida por los sentidos, las vivencias, las emociones y las experiencias de esa persona, tan lejana en muchos instantes y tan cercana a mí en otros tantos.

Por otro lado, sería una pregunta de fácil respuesta si yo fuera capaz de, primero, entender esa cuestión y, segundo, de responder con un lenguaje que mi otro interlocutor entendiese. Pero ¿me quieren decir cómo puedo responder a algo que no entiendo o cómo puedo darme a conocer a los demás si no puedo ni sé expresarme como ellos?

Pienso que, para intentar conocerme, quien realmente quiera hacerlo, tiene que compartir tiempos, momentos y situaciones ricas y diferentes conmigo, procurando hacerlo desde una óptica de cercanía, de humanidad y de respeto por mi individualidad diferenciada; no pido a nadie que sea mi amigo ni nadie debería pedírmelo a mí; pero sí pido, desde mi silencio y ausencia desgarradora que seamos compañeros, iguales en el trato y en la convivencia diaria.

 

En nuestra formación profesional, en la universidad, en la escuela, en todos esos sitios donde nos enseñan hipótesis, tesis, estadística, parámetros, técnicas y no sé cuántas cosas más, deberían enseñarnos –y nosotros aprenderlo-, un poco más de humanismo, algo de optimismo por la vida, aderezarlo con unas gotas de solidaridad y batirlo todo con mucha ética y sentido común. Y examinarnos socialmente de esos conocimientos, anteponiéndolos de forma obligatoria a las teorías.

“Nunca podrás saber más de mí si no quieres saberlo, por mucho tiempo diario, obligada y profesionalmente compartido, que tengas conmigo. Y, si quieres saber un poco más de mí, de verdad, estate conmigo, ayúdame a sentir la vida un poco más y aprende a leer en mis ojos, en mis toscos y bruscos gestos, en mi desarticulado cuerpo, en mis gritos sin causa aparente y encuéntrale a todo eso sentido, MI SENTIDO. No te lo pongo fácil, pero yo tampoco tengo la culpa de ser como soy; yo, como tú, tampoco pude elegir.

Si esto ya está ocurriendo, si empiezas a entender mi vida a partir de mí mismo (y doy fe de que en muchos casos así es) ya tendrías mi autorización moral para ser mi amplificador, mi altavoz, mi TRADUCTOR VITAL, mi intérprete compartido. Podrás acompañarme y traducirles en vuestro idioma a los demás lo que yo necesito, lo que yo quiero, lo que yo pido. No para conseguirlo ya, pero sí para iniciar esa conquista”.

Creo que es el momento de hablar de nuestras limitaciones profesionales para con las personas con más necesidades de apoyo; reconocer humanamente que en muchos instantes no llegamos a ellas, pero decir también a voz en grito que queremos llegar a ellas, que nuestros esfuerzos se encaminan en esa dirección, que luchamos por hacer de sus vidas y de las nuestras con las suyas un lugar de encuentro y de conocimiento mutuo. Que sólo desde ahí seremos más capaces de saber qué le gusta o le enfada, cómo comunicarme con él o cómo saber qué le puede alterar.

Y también es la ocasión de solicitar el derecho de éstos, mis compañeros con grandes necesidades de apoyo, porque así me lo piden, a estar presentes en reuniones, conferencias, congresos y todos aquellos foros donde se hable de ellos sin su presencia; porque no podemos predicar una cosa y hacer otra. También piden que cada uno de ellos vaya acompañado de su/s “traductor/es vital/es”, llámese profesional, familiar, tutor o como se quiera.

Lo real y casi únicamente importante es que para obtener ese título de traductor vital sólo hay que poseer un talante humano, igualitario, solidario y comprometido éticamente para con los demás. Me animo y os animo a todos a intentar conseguirlo, recordando que su obtención es totalmente gratuita: el material necesario se llama empatía y está en todas partes, en cualquier esquina de tu ciudad, es algo que nos rodea y nos toca siempre que haya dos seres humanos juntos que deseen entenderse.

 

César Hernández García

AMPROS (Cantabria)

 

comunicacio
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